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    CURIOSIDAD

    México 1968, los Juegos Olímpicos de los récords

    La altitud de la ciudad permitió, sólo en atletismo, más de 20 récords del mundo

    Juegos Olímpicos México
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    Juegos Olímpicos México 68

    Una cosa está clara: los Juegos Olímpicos de México 68 no fueron unos juegos del montón. Para lo bueno, y en algunos casos también para lo malo, destacaron por encima de los demás.

    En primer lugar debemos enmarcar este gran evento dentro de su entorno social. Llamados a ser los primeros Juegos que se disputan en Latinoamérica, sus precedentes fueron algo complicados. Pocos días antes una revuelta social contraria a la enorme inversión realizada para el acontecimiento, terminaría con decenas de muertos y un ambiente enrarecido en las jornadas previas a la inauguración.

    Por otro lado, y centrándonos en lo meramente deportivo, existía cierta preocupación por la salud de los deportistas. Era también la primera vez en que unos Juegos Olímpicos se celebraban a una altitud de más de 2000 metros.

    Después se comprobaría que, lejos de perjudicar el rendimiento de los atletas, los resultados obtenidos fueron tan espectaculares que algunas de las marcas conseguidas se consideraban “inalcanzables para el ser humano”.

    Una de ellas, la más célebre, la consiguió el mítico Bob Beamon, que con un estratosférico salto de 8,90 se llevaba el oro en longitud, con un récord del mundo mejorado en 55 cm.

    La segunda la consiguió Jim Hines, el primer hombre en bajar de 10 segundos en la historia en los 100 metros lisos.

    Especial mención merece un récord que no tuvo nada que ver con la altura, sino con una técnica novedosa. Dick Fosbury se llevaba el oro en salto de altura aplicando lo que en aquél entonces era un estilo jamás visto anteriormente, denominado “estilo Fosbury Flop”, y que actualmente todos los saltadores utilizan.

    Fueron también los Juegos de las reivindicaciones, como el famoso pódium “black power” que formaron Tommie Smith y John Carlos (primero y tercero en los 200 metros lisos), alzando sus puños al aire ocultos bajo un guante negro mientras sonaba el himno nacional norteamericano.

    Finalmente, México 68 fue la sede de los Juegos de las grandes novedades, como los controles antidóping, el suelo de tartán en la pista de atletismo, los marcadores electrónicos y, como elemento más mediático, la retransmisión de las pruebas a color y vía satélite.

    No nos olvidemos de que también, por primera vez, el último portador de la antorcha olímpica fue una mujer. Enriqueta Basilio se convertía en leyenda al romper, por fin, la barrera sexista.

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